Martes, 12 de junio de 2012 - 14:55
Rafa Nadal ha conquistado ayer su séptimo título de Roland Garros y su Grand Slam número 11. Supera el récord de Bjorn Borg de 6 Roland Garros. Y el mallorquín solo tiene 26 años recién cumplidos. La prensa y el mundo del deporte se vuelcan en estos días con el jugador de Manacor considerándolo el mejor deportista español de la historia y el mejor tenista de todos los tiempos sobre tierra batida. Además, se destaca la humildad de un chico que siempre valora el esfuerzo de sus rivales, de sus allegados y el que le ha costado llegar tan arriba. (Foto: AP)
Nadal vive un idilio con Roland Garros desde aquel lejano 2005, cuando conquistó su primera Copa de los Mosqueteros con solo 19 años. Pero en este 2012 ha firmado su mejor torneo de los 7 que ha ganado, que ya es decir. Llegaba a la final sin haber cedido un set, habiendo perdido solo una vez su servicio y dejando a sus riavles con una media de entre 1 y 2 juegos por set. Y, más allá de todo eso, dominado y tomando la iniciativa en los puntos como nunca antes lo había hecho. En cuartos y en semifinales doblegó a otros dos españoles, Nico Almagro y David Ferrer. El alicantino, posiblemente cuarto mejor jugador del mundo sobre tierra, venía firmando su mejor Roland Garros, incluso sus números eran similares a los de Nadal. Pero el balear lo borró de la pìsta con un 6-2, 6-2 y 6-1 en el mejor partido que jamás le he visto a Rafa Nadal. A ese encuentro pertence la imagen de debajo (procecednte del Heraldo de Aragón), en la que el balear hace una dejada espectacular desde el suelo. Toda una exhibición sin paliativos.
Djokovic eliminó a Federer en semifinales en tres sets con más apuros que los que dicta el marcador. El suizo tuvo su oportunidad en el segundo set, pero la desaprovechó. Llegaba la final esperada, entre los dos mejores jugadores del mundo, la primera para Nole en París. En rondas anteriores Djokovic había tenido que remontar dos sets a Seppi y a Tsonga, lo que evidencia no está a su mejor nivel. El serbio buscaba ganar los cuatro Grand Slams seguidos y Nadal batir a Bjorg. Las tres anteriores finales de Grand Slam Djokovic se las había ganado a Nadal, pero las dos últimas sobre tierra, en Montecarlo y Roma, el balear se las había gando al serbio. Los pronósticos daban posibilidad de lluvia para la hora del partido.
Comenzó la gran cita en la pista central, en la Philippe Chatrier. Nadal empezo enchafadísimo y pronto logró una ventaja abultada. Djokovic se fue soltando con el paso de los juegos y casi le amarga el primer set, finalemnte para Rafa por 6-4. Muchas alternativas, cinco breaks, altibajos de los dos jugadores y saques en general endebles, con los dos cometiendo varias dobles faltas y un bajo porcentaje de primeros servicios. Esa fue la tónica, una tónica que no cambió en todo el partido. Se notaba demasiado respeto entre ambos, y la final fue menos vistosa que otras con los mismos protagonistas.
Nadal era ligeramente superior, pero el serbio pasaba momentos dulces en los que sus golpes, sobre todo la derecha invertida cruzada y algún que otro globo defensivo, hacían daño al español. Pero Rafa también quería llevar la inicativa y jugar profundo para no sufrir los latigazos de Nole. A él también le corrían las derechas sobre la derecha del serbio. Así, con altibajos, Nadal también sumó el segundo set por 6-3, decantando la final a su favor y haciendo justicia a lo visto sobre la pista. Empezaba el primer partido de España en la Eurocopa, dilema para los amantes del deporte. Y justo entonces, la final se torció. Los tenistas llevaban tiempo jugando sobre la fina lluvia que caía sobre París. Aforaban los paraguas en la Philippe Chatrier, pero el partido seguía su curso.
Rafa Nadal, como en los dos sets anteriores, hacía el break de salida. Es algo habitual en el mallorquín, una muestra de su voracidad. Sin embargo, con el 2-0, todo cambió. Las bolas, cada vez más pesadas y húmedas, beneficiaban al serbio, le corrían más, y sus ataques eran imparables para un Nadal impotente. Hasta 8 juegos seguidos encadenó el de Belgrado hasta el 2-0 en el cuarto set. Así, Djokovic se había impuesto en la tercera manga por 6-2. Entonces la organización aplazó lo que quedaba de final hasta el día siguiente. Como este año en Roma y muchas veces en el Us Open, la final se iba al lunes. Nadal y su equipo se quejaron a la organización por haber tardado tanto en aplazar el partido.
Tampoco estaba claro que la lluvia respetase la final a partir del lunes a la una de la tarde. Volvió a salir más entonado Nadal y recuperó el break que tenía perido en el cuarto set. Djokovic mejoraba con el paso del tiempo y llegó a final de set intimidando a su rival. Los paraguas y la lluvia volvían a presentarse. Con el 5-4 estuvo a punto de detenerse el partido, pero Djokovic, a diferencia de Nadal, quería seguir. Las bolas húmedas y pesadas le beneficiabna y explicaban su mejoría en el juego. Sin embargo, el serbio, bastante contrariado a lo largo del partido, se quejaba de que las gotas le impedían ver la bola. En ese momento difícil, Nadal mantuvo su templanza y su serenidad para conseguir el break defintivo en el 6-5 ante un Djokovic, que volvió a ceder, como en Roma, tras una dobe falta.
6-4, 6-3, 2-6 y 7-5 fue el marcador final que conviertió a Rafa, campeón de campeones, en el rey absoluto de la arcilla parisina. Con lágrimas en los ojos, se dirigió hacia el palco donde se encontraba su equipo y su familia, abrazó a su tío Toni Nadal y también a su amigo, presente en los dos días de final, Pau Gasol. Después, cuando recogió la Copa de Mosqueteros, volvió a dar ejemplo sobre la central de Roland Garros, dando el mensaje de "no me podía imaginar ganar tantas veces aquí". Así es Rafa, genio en el deporte, genio como persona.
El palmarés está vacío (de momento), pero seguro que pronto llega el primer trofeo :-)
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