Jueves, 26 de julio de 2012 - 11:27
Pocas veces, sólo en muy contadas ocasiones, pasan cosas a las que uno debe agarrarse. Una flor creciendo entre el estiércol, un político que no recalifica ni acomoda a sus cuñados en poltronas tapizadas de vergüenza, alguien que agarra del brazo a un señor mayor para subir las empinadas escaleras, esas cosas, ya saben. Luces en un paisaje abarrotado de tinieblas. Faros que impiden chocar con los acantilados de la rutina. Torres que permiten ver más allá del desilusionante presente. Sí, sí, ese es un buen ejemplo, al de las Torres me refiero.
La calurosa tarde de Vigo nos permitió ver una de esas señales para soñar. Jugaba el Atleti su primer envite serio de esta pretemporada contra el recién ascendido equipo local. Salieron los nuestros como se suele salir en este tipo de partidos, con su grado de imprecisión, con su trote, con su carga de trabajo y con la carga de hombros de Salvio. Salió en suma el Atleti preñado de pretemporada, con ese sí pero no que caracteriza estas fechas. Salió también el Cebolla y muchos le pudieron poner cara, que el fornido cuerpo ya lo pone él. Salieron muchos de los habituales y también Borja, delantero en el que se depositaban grandes esperanzas hace un tiempo sobre las que se sospecha que muchas se quedaron en una maldita lesión de rodilla. Salió Silvio y daba reparo verle allí en el campo, expuesto a las corrientes y a las irregularidades del campo. Cada vez que la cámara enfoca a Silvio, la parroquia se teme lo peor como si fuera una madre primeriza e hipocondriaca, llena de miedos por la de virus y distensiones de ligamentos que acechan a su enfermizo retoño en esos campos de Dios. Salió Courtois sin salir demasiado de debajo del larguero. Salió Mario y no confirmó la sensación de parecerse a aquel Mario que solo vimos en la final de Bucarest. Salió Asenjo con la suerte dando la espalda. Salió Tiago como suele salir él normalmente, inmerso en una eterna pretemporada que dura ya dos años y medio. Salió un Raúl García que ahora juega en la posición donde siempre debió, no quedando claro si será tarde ya para él. Salieron los centrales y se echaba de menos a Domínguez. Salió también un niño, otro niño distinto. Moreno él y con cara de pillo. Se apellida también Torres, ¡qué casualidades tiene la vida!, o tal vez no, hay ciertas cosas que no pueden ser achacadas a la casualidad.

Llegaba el balón a este nuevo Torres y se iban haciendo agua las bocas rojiblancas esparcidas por el mundo. No solo por lo que hacía con el balón, que fue mucho y bueno, sino por lo que hace cuando no lo tiene, ofrecerse, buscar el espacio o levantar la cabeza antes de que le llegue el cuero. Tiene el chaval algo diferente, algo que no abunda, y habrá que cuidarlo y dejarle que se vaya haciendo despacio, como se debe hacer con los mejores guisos. Flaco favor le pueden llegar a hacer los titulares rimbombantes aunque los merezca y grave amenaza pueden suponer esos cantos de sirena que ya se escuchan en las oficinas del club, sitio con gran acústica para estas cuestiones. Habrá que tener paciencia a pesar de las urgencias que puedan acaecer a lo largo del camino, pero siempre con él cerca. Más que nada por ser una luz en un paisaje abarrotado de tinieblas. Un faro, una nueva de nuestras Torres. Torres, ¡qué casualidades tiene la vida!
Rojiblanco, colchonero y seguidor del Atleti. Podéis ver mis historietas sobre el Atleti en la Agonía del Mediapunta http://laagoniadelmediapunta.blogspot.com/
El palmarés está vacío (de momento), pero seguro que pronto llega el primer trofeo :-)