Miércoles, 27 de junio de 2012 - 17:15
25 años y un día. Una condena, lo que yo les diga. Una condena ejemplar es lo que llevamos soportando con más estoicismo del deseable. Podríamos alegar que a muchos nos deslumbró aquel desembarco aéreo con un Futre casi adolescente del brazo. Citaríamos como atenuante los primeros años de tremendismo y de humo esparcido a golpe de verborrea cercana, los titulares con tanta mayúscula, los cortes radiofónicos repletos de palabras e insultos inventados “¡Miren qué gracia! ¡Este sí que dice las cosas como deben decirse!”, añadían algunos que no podían llegar a sospechar que la mano derecha sí sabía lo que hacía la izquierda porque hacía lo mismo: llevárselo y no ponerlo.

Cumplido el mismísimo vigesimoquinto aniversario de la coronación, uno empieza a plantearse que no hemos debido ser suficientemente buenos para que nos reduzcan la condena. Ni hemos ayudado en la lavandería ni en el economato de la prisión. La condena continúa y se extiende mientras nos miramos los unos a los otros con fundadas sospechas de nuestra complicidad a la hora de fabricar el arma punzante del silencio sumiso. Los que más y los que menos proclamamos nuestra inocencia, culpamos al jurado o a un abogado defensor borrachín y tartamudo en vez de preguntarnos qué cuota del delito de tragar nos corresponde. También pensamos que a lo mejor, un día de estos como quien no quiere la cosa, algún tribunal con potestad revisará nuestra condena con lo que casi mejor no hacer nada. Lo malo de pensar así es que el día en el que un tribunal se ponga a ello, ya no habrá cárcel, celdas ni presos y hasta las pesas del patio donde otrora entrenaban forzudos internos habrán sido vendidas en incómodos plazos.
“¿Y por mala salud? Lo mismo nos conmutan la condena por mala salud”, intervenimos algunos, inasequibles al desaliento de la autocomplacencia. Hombre, mala salud, lo que se dice mala no parece que se tenga. Hemos aguantado puñaladas en el patio, en la celda, puñaladas vestidas de infierno snob, puñaladas en el sentimiento y en la identidad, puñaladas en el bolsillo, puñaladas en el buen gusto, en las entendederas, puñaladas que seccionan la ilusión de la cantera y puñaladas bañadas en el óxido de las comisiones. A día de hoy podemos decir que hemos perdido sangre a litros, pero seguimos en pie. Callados mayoritariamente, pero en pie. No nos debe quedar mucho porque justo hoy, para celebrar el oscuro aniversario, nos hemos desayunado el rancho de una nueva puñalada. Eso sí, adornada con ocho velas que asemejan ocho millones procedentes de Mönchenglad…como leches se diga, que uno ya no sabe ni ponerle nombre a todas de tanta puñalada como ha recibido.
Rojiblanco, colchonero y seguidor del Atleti. Podéis ver mis historietas sobre el Atleti en la Agonía del Mediapunta http://laagoniadelmediapunta.blogspot.com/